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Las fallas derivan
de una vieja costumbre de los ebanistas valencianos; recoger toda
la madera que les sobraba para hacer una hoguera en honor a San
José, su patrón.
Existe otra
teoría que habla del ninot de mitja Quaresma (muñeco de media Cuaresma)
o parot, que dice que las fiestas falleras nacen de la costumbre
de lanzar un muñeco a la hoguera. Los artesanos trabajaban a la
luz de los candiles, que suspendían en los llamados parots, candelabro
de madera con varios brazos. Cuando llegaba el buen tiempo y las
tardes se hacían más largas, los parots se quemaban a la entrada
de sus casas. Más tarde, se vestían con ropas viejas.
La estructura
de las primeras fallas simulaba un teatro: sobre una tarima de madera
varios ninots representaban una escena, acompañada de unos carteles
explicativos.
En el s. XIX
los ninots estaban hechos de madera, vestidos con ropa de verdad
y con máscara de cartón. Además, también había fallas hechas con
trastos viejos.
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